DEJAR DE FUMAR ¿ES POSIBLE?

La epidemia de tabaquismo es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo, ya que causa más de 8 millones de muertes al año a nivel mundial. Más de 7 millones de estas defunciones se deben al consumo directo de tabaco y alrededor de 1,3 millones son consecuencia de la exposición de no fumadores al humo ajeno. Así, es conveniente propiciar actuaciones y ayudas para dejar de fumar. En este sentido, conocer medidas de actuación frente al tabaquismo, los motivos más habituales para dejar de fumar, así como algunos consejos útiles para poder llevarlo a cabo, puede contribuir a la deshabituación tabáquica.

El consumo de tabaco es perjudicial en todas sus modalidades y no existe un nivel seguro de exposición al tabaco. Fumar cigarrillos es la forma de consumir tabaco más extendida en todo el mundo.

Medidas de actuación frente al tabaquismo

La disminución del consumo de tabaco se ha convertido, desde hace tiempo, en uno de los objetivos principales de los sistemas sanitarios de los países desarrollados. Además, las intervenciones en los programas de deshabituación tabáquica son mucho más coste-efectivas que otras intervenciones.

El control y la prevención del tabaquismo son aspectos fundamentales para ayudar a erradicar las consecuencias nocivas del tabaco para la salud. El tabaquismo se puede considerar una enfermedad crónica en la que influyen diversas variables, lo que implica la necesidad de realizar un diagnóstico lo más correcto posible para poder individualizar el tratamiento.

Existen principalmente dos tipos de tratamiento: el psicológico y el farmacológico, sin embargo, nunca se debe olvidar que, si no se tiene motivación, el proceso de abandono no será efectivo.

  •  Tratamiento psicológico:

Existen tres grandes tipos de fumadores: pacientes que no están motivados para el proceso de abandono, pacientes que quieren dejar de fumar y aquellos que lo han dejado recientemente.

En los primeros, la herramienta más útil y crucial es la entrevista motivacional, en la que se acentúa el compromiso para el cambio y la adherencia al tratamiento, estimulando su propia motivación, a través de distintas estrategias motivacionales específicas para cada estadio de cambio. En los segundos, se suelen enseñar diferentes técnicas de afrontamiento para poder superar la adicción que crea el hábito, como utilizar técnicas de relajación para poder autocontrolarse, etc. En el caso de los pacientes que han dejado de fumar en un pasado muy reciente, presentan un alto riesgo de recaídas, por ello se debe prestar especial atención a posibles situaciones y causas que puedan precipitar una recaída, para prevenirla y poder evitarla. Además, se deberá advertir que las técnicas de afrontamiento por sí solas no son suficientes, puesto que es necesario un cambio de estilo de vida, incluyendo, por ejemplo, el ejercicio físico.

  •  Tratamiento farmacológico:

Existen diferentes principios activos que pueden ayudar a dejar de fumar. Entre las opciones terapéuticas hay diferentes formas de recibir nicotina. Debido a que la nicotina provoca una adicción química, cuando una persona intenta dejar de fumar, la falta de nicotina causa ansiedad, entre otros síntomas. Ante esta situación, un parche que contenga nicotina, por ejemplo, puede llegar a mantener un nivel de la misma en sangre que aminore dichos síntomas.

 Por otro lado, algunos fármacos se unen con gran afinidad a una parte del receptor químico de la nicotina. Este tipo de fármacos presentan un mecanismo de doble acción. Por un lado, presentan una actividad agonista, estimulando los receptores nicotínicos a4b2, pero lo hace a un nivel mucho más bajo que la nicotina. De esta forma, alivia los síntomas de ansia de fumar y abstinencia. Por otro lado, presentan una actividad antagonista, con una mayor afinidad por dicho receptor (nicotínico a4b2), bloqueando la unión de la nicotina, lo que produce una reducción de los efectos gratificantes de refuerzo que se experimentan al fumar.

¿Motivos para dejar de fumar?

Fumar tabaco tiene efectos devastadores para la salud. Fumar daña las vías respiratorias y los pequeños sacos de aire en sus pulmones. Este daño comienza rápidamente cuando uno comienza a fumar y la función pulmonar sigue empeorando a medida que la persona sigue fumando. Las diversas sustancias químicas del humo del tabaco aumentan el riesgo de desarrollar aterosclerosis (el endurecimiento de las arterias), lo que provoca accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos.

 Una de las sustancias químicas del tabaco, la nicotina, actúa directamente en el cerebro y provoca adicción al tabaco. Una persona que fuma tiene un 50 % de probabilidades de morir por una complicación relacionada con el tabaquismo y de vivir 10 años menos de lo que viviría si no fumara.

Los dos motivos principales que pueden promover dejar de fumar son: por la salud y la calidad de vida. En este sentido, dejar de fumar supondría una mejoría en los siguientes aspectos:

  •  A nivel dermatológico: dejar el tabaco es el mejor remedio para frenar el envejecimiento y retrasar la formación de arrugas en la cara. La piel está más oxigenada y recibe más nutrientes. También mejora en caso de acné o psoriasis. Además, suele desaparecer el típico color amarillento que aparecen en el rostro de los fumadores habituales.
  • A nivel odontológico: al dejar de fumar no se forman las manchas amarillas en los dientes, por lo que la boca y, en concreto los dientes, estarán más sanos y con un aliento fresco.
  • A nivel respiratorio: al abandonar el tabaco, se respira con más facilidad y disminuye la tos. Dependiendo de la edad y de las actividades que realiza la persona, se nota especialmente al hacer un esfuerzo físico más intenso como correr o nadar, o simplemente subiendo las escaleras o caminando. Con el tiempo, se recupera toda la capacidad pulmonar, lo que permite tener una vida mucho más activa y saludable.
  • En el organismo en general: Tras una semana de dejar de fumar mejora la circulación, esto hace mucho más fácil practicar cualquier ejercicio, como correr o nadar. El aumento de oxígeno en el cuerpo hace que los exfumadores se cansen menos y tengan menos dolores de cabeza. También se reactiva el sistema inmunológico, permitiendo hacer frente mejor a los resfriados y la gripe.
  • Aumenta la esperanza y la calidad de vida. El tabaco es la principal causa de enfermedad y mortalidad prevenible en España y el resto de los países. Por ello, al dejar de fumar, se reduce el riesgo de muerte prematura por alguna de las enfermedades asociadas al consumo de tabaco, como el cáncer de pulmón o el infarto agudo de miocardio. Pero no solamente favorece vivir más años, sino que esos años se viven con mejor salud y calidad de vida. En este sentido, no importa la edad que tenga la persona o los años que lleve fumando, ya que dejarlo aportará años de vida con salud.
  • Otras ventajas: fumar no relaja, estresa. La falta de nicotina genera ansiedad en los fumadores, que solo se calma momentáneamente. Al dejar de fumar la persona deja de depender de las pausas para fumar, es más libre. Asimismo, el cuerpo recupera en su totalidad el sentido del gusto y el olfato. Además, dejar de fumar mejora el flujo de sangre, y la sensibilidad, contribuyendo así a una mejor vida sexual, tanto en hombres como en mujeres. Asimismo, dejar de fumar aumenta las posibilidades de concepción, evita riesgos en el embarazo y favorece un nacimiento sano del bebé.

 En relación a ello, en un estudio realizado sobre los métodos empleados y los motivos para dejar de fumar, ente estos últimos, los más frecuentes fueron la “prevención de enfermedades” y “la presencia de problemas físicos de salud”.

Consejos de un profesional sanitario para dejar de fumar

En cuanto a la efectividad de los consejos de un profesional sanitario, existen numerosos trabajos publicados sobre la intervención del médico de atención primaria. Una intervención de 3-5 minutos de los médicos de familia puede conseguir que un 4,5% de sus pacientes deje de fumar durante 3 años. Asimismo, el farmacéutico comunitario, por su situación estratégica, se encuentra cercano a la población y con un horario muy amplio, lo que le permite también ser un punto ideal en intervenciones relacionadas con la cesación del hábito tabáquico.

 En el mercado actual existen recursos farmacológicos que pueden ayudar a dejar de fumar. En concreto, algunos de ellos son en la actualidad, la terapia de primera línea en el tratamiento de la adicción nicotínica debido a su mayor efectividad demostrada en ensayos randomizados, metaanálisis y revisiones sistemáticas.

 Resulta especialmente interesante uno de los recursos farmacológicos cuyo mecanismo de acción sería doble, ya sea estimulando los receptores a y b de áreas pre-límbicas, frontales, como agonista parcial, lo que eleva los niveles de dopamina y alivia los síntomas de privación; y a través de la unión competitiva con los receptores, ya que bloquea al menos parcialmente la activación dopaminérgica provocada por la nicotina en caso de una recaída. De esa manera, los pacientes sienten alivio al usarlo y menos placer al fumar, debido a la ocupación parcial de los receptores, facilitando la abstinencia y el abandono del hábito.

 Así, un recurso de este tipo combinado con terapia cognitiva conductual incrementa la frecuencia de abandono del hábito tabáquico de manera superior a otras terapias farmacológicas aprobadas, por lo que resulta un recurso útil.

Siempre que se quiera dejar de fumar y se esté planteando el uso de un recurso farmacológico de este tipo, es conveniente consultar con un profesional sanitario, como el médico o el farmacéutico, ellos sabrán orientarnos y aconsejarnos acerca de la mejor forma de uso y período de utilización de este fármaco.

Referencias

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